citazione LA ROBÓTICA SOCIAL AL SERVICIO DEL AUTISMO Y DE OTROS TRASTORNOS DEL DESARROLLO

O BUSCA UNA VERDADERA COMUNICACIÓN CARA A CARA

By Elisa Macías

En este siglo apasionante ya se ha comprobado que la robótica social ayuda a trastornos del desarrollo, como el autismo infantil. La cercanía que se establece entre el niño y la máquina abre puertas para que aprenda a “fijar la mirada” de otra manera. Está demostrado que la interacción de estos menores con los nuevos “supuestos” juguetes genera beneficios todavía innumerables.

Entre los muchos estudios desarrollados en universidades de todo el mundo aparecen principalmente, una mejora de la comunicación y una mayor integración de estas personas.

Con IO, como su nombre indica Inteligente Observador (Intelligent Observer), se pretende despertar al niño. Captar su atención desde la realidad de un juguete, aunque no lo sea. Es una herramienta para ofrecer nuevas soluciones.

Tampoco los robots sociales son milagrosos. Representan instrumentos útiles para los terapeutas, los educadores y especialmente las familias donde está la persona afectada.

¿PARA QUÉ SE NECESITA UN ROBOT SOCIAL?

En la era de las nuevas tecnologías donde las tabletas y otros dispositivos están en muchos hogares parece innecesaria la presencia de un robot social. Sin embargo cuando hablamos de trastornos del desarrollo, como el autismo, el síndrome de Asperger o trastornos del lenguaje y TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) entenderemos sus ventajas.

Como explica Olga Bautista, psicóloga de la Asociación Autismo Sevilla en un reportaje sobre IO en Canal Sur Televisión:  “en una tableta o en un ordenador se pierde parte de la relación social que con el robot se puede mitigar”.

A los ordenadores les falta esa parte socializadora.  De hecho muchos terapeutas hablan del efecto de aislamiento que pueden generar juegos digitales en estos soportes porque no conducen al niño a comunicarse de manera integral.

El objetivo de IO es ayudar en el proceso de diagnóstico y en el tratamiento de estos trastornos. Aunque no sea un juguete ni un amigo, el robot social seguirá al niño con su mirada. Hablará con él y le ayudará a mostrar emociones. Elementos básicos que en muchas ocasiones no consiguen los humanos ni otras máquinas. Lo importante es que el niño se comunique con su entorno y pueda integrarse.

Está demostrado que los robots sociales ayudan en el desarrollo de habilidades cognitivas, motoras, sensoriales y sociales. De ahí que encontremos “humanoides” de todas las características, desde robot con apariencias de mujer como el prototipo del Centro de Investigación Enrico Piaggio de la Universidad de Pisa hasta otros androides con menos piel, como los que desarrollan en la Universitat Jaume I de la Comunidad Valenciana de la mano de Enric Cervera Mateu, del Laboratorio de Robótica.

Una de las diferencias de IO estará en el precio. Bernardo Ronquillo, creador de este robot social quiere que salga al mercado con un coste asequible tanto para terapeutas como para familias. Ahora trabajan en las pruebas para desarrollar los ojos de IO, entre otros muchos detalles. Pronto pasará a la acción.

En definitiva, el niño autista siente un menor rechazo a un robot que a un desconocido. Aunque como en toda herramienta, la base está en un buen uso que nos lleve a una eficaz comunicación cara a cara.

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